Hoja de ruta: qué le espera al sector energético si el dólar se dispara

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Hoja de ruta: qué le espera al sector energético si el dólar se dispara
 
 
Qué margen de maniobra tendrá el próximo gobierno para recuperar los márgenes de rentabilidad de cada segmento? ¿Cuál debería ser, a priori, la prioridad de la siguiente administración?

29/08/2019
 
 La apertura de una renegociación de la deuda con tenedores de bonos y con el FMI anunciado ayer por el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, anticipa una nueva jornada de volatilidad para el tipo de cambio. Lo más probable es que en los próximos días la tendencia alcista de la divisa norteamericana se acentúe; máxime si el gobierno sigue sin aplicar herramientas que restrinjan el flujo de capitales. La consecuencia inmediata en el área energética será, a medida que ese escenario se concrete, un mayor atraso de los precios relativos del sector medidos en dólares. Si la devaluación continúa, la pauperización de las señales a la inversión ingresará en una nueva fase. La próxima administración tendrá, como desafío, que desandar un nuevo atraso de los precios de los combustibles —y, por ende, del petróleo—, del gas en boca de pozo y de la energía en el mercado mayorista, además de recomponer los márgenes del segmento de distribución. 
¿Qué margen de maniobra tendrá el próximo gobierno para recuperar los márgenes de rentabilidad de cada segmento? ¿Cuál debería ser, a priori, la prioridad de la siguiente administración? 
EconoJournal consultó a altos ejecutivos de la industria, a funcionarios de la Secretaría de Energía y a economistas que integran la órbita de asesores de Alberto Fernández, candidato presidencial del Frente de Todos. Los puntos en contacto de los distintos actores se resumen a continuación. 
Petróleo 
Si el dólar trepa hasta los 65 pesos, el atraso del precio de los combustibles en los surtidores locales superará, en promedio, un 40%. Una vez que expire el congelamiento de 90 días decretado por el presidente Mauricio Macri —o antes si el Ejecutivo permite un deshielo por anticipado, como plantean las petroleras—, el desafío por delante será recuperar, con la mayor velocidad posible, la vinculación del precio interno del petróleo con las referencias internacionales como el Brent y el WTI. 
¿Por qué? 
En caso contrario, será prácticamente imposible mantener algún tipo de inversión en Vaca Muerta y en el upstream general de petróleo. La prioridad del gobierno entrante será dar señales de recomposición para las empresas productoras de petróleo, dado que los principales proyectos de inversión previstos para el período 2020-2022 estaban totalmente enfocados a la extracción de shale oil. Con el congelamiento dispuesto por Cambiemos, el precio del petróleo en la Argentina descendió, a este tipo de cambio, por debajo de los US$ 40, un 30% menos que el Brent, que hoy abrió a 59,90 dólares. 
Si la administración que asuma el 10 de diciembre no es capaz de enviar señales de rápida recomposición del precio interno del petróleo con un sendero de aumentos de los combustibles, la inversión para extraer y exportar petróleo liviano desde Vaca Muerta quedará paralizada. 
En el caso del crudo, entonces, el driver de implementar con cierta premura la recuperación del precio medido en dólares está ligado a la necesidad de mantener en pie proyectos de inversión que viabilicen el ingreso de dólares a una economía que no hace pie por falta de ellos. “Si no podemos trasladar al surtidor un precio del petróleo de, al menos, 50 dólares para 2020, el capex en Vaca Muerta se desplomará”, advirtió un encumbrado directivo del sector.
Gas
La semana pasada, durante la reunión con el secretario Gustavo Lopetegui para analizar el impacto de Decreto 566 (de congelamiento), varios ejecutivos plantearon la necesidad de discutir qué pasará con los precios del gas en boca de pozo. Es que, en los hechos, el valor del fluido para el segmento regulado (hogares, comercios y pequeñas industrias), que explica un 35% de la demanda total del hidrocarburo, fue fijado en abril en torno a los US$ 4,60 por millón de BTU pero inmediatamente fue pesificado a un tipo de cambio de 41 pesos. Es decir, quedó establecido en unos 190 pesos por MMBTU. Con el dólar por encima de los 60 pesos, el precio del gas cayó, en términos reales, hasta los US$ 3,10. Y si la devaluación se profundiza, seguirá en baja. 
Ahora bien, ¿qué urgencia tendrá el próximo gobierno para recomponer el precio relativo del gas en boca de pozo? En principio, será menor a la que enfrentará en el caso del petróleo. 
La inversión en nuevos proyectos de extracción de gas está frenada ya desde fines de 2018, cuando se cristalizó que el ingreso de nueva producción desde Fortín de Piedra provocó una sobreoferta del fluido durante la mayor parte del año. Las empresas admiten que, aunque la inversión está en franco retroceso, no habrá problemas de abastecimiento de gas durante 2020, sobre todo porque la demanda está en niveles bajos por la recesión. La declinación de la producción de gas empezará a constarse recién en 2021. Sería lógico, desde ese punto de análisis, que las tarifas de gas se incrementen el año próximo menos que el precio de los combustibles y también de la energía eléctrica. 
En términos simplificados: la oferta de gas aún es consistente para cubrir la demanda interna y, por más que mejore el precio en boca de pozo, la inversión en gas tampoco despuntará en 2020 por falta de infraestructura que permita captar nuevos mercados de exportación. 
Energía eléctrica
En el caso del segmento eléctrico, el disparador para recuperar los precios relativos de la electricidad no está vinculado a la necesidad de traccionar nuevas inversiones. Al contrario, buena parte de los proyectos termoeléctricos licitados y construidos durante los últimos tres años hoy no son despachados por caída de la demanda eléctrica como resultado de la parálisis económica. Y aún resta que ingresen parques de energía renovable adjudicados bajo el paraguas del programa RenovAr. Son emprendimientos apalancados con contratos en dólares a largo plazo (PPA’s firmados con Cammesa, al igual que las centrales térmicas licitadas bajo la órbita de las resoluciones 21 y 287 de Energía), que en última instancia se pagan mensualmente con fondos del Tesoro. Al igual que lo que sucede con el gas, hoy existe una sobreoferta de generación. No hay necesidad inmediata de ampliar el parque de producción de energía. 
Pero, a diferencia de lo que sucede en el mercado de gas, donde el principal inconveniente que genera el atraso de los precios relativos es la falta de estímulos a la inversión, que seguramente se traducirá en la caída de la producción a mediano plazo, el problema en el área eléctrica que enfrentará la próxima administración es fiscal. 
Como la expansión del parque de generación se realizó mediante contratos de compra de energía (PPA’s) que remuneran potencia disponible por sobre energía efectivamente generada (es decir, las empresas eléctricas cobran por más que sus centrales no despachen), los subsidios al sector eléctricos treparían hasta los US$ 6500 millones en 2020. No hay forma de financiar ese rojo con las restricciones fiscales que enfrenta el país. 
En cualquier escenario, el FMI exigirá que las tarifas residenciales de energía aumenten para trasladar al menos una parte de ese monto.
¿Qué hay que esperar en cada sector?
Petróleo/combustibles: un sendero de aumentos sostenidos en surtidor —similar tal vez al que se aplicó entre 2012 y 2014, aunque no está claro que exista margen político y social para avanzar con la misma velocidad— para recuperar el precio interno del petróleo a fin de mantener viva la inversión en Vaca Muerta, hoy volcada casi totalmente a la explotación de shale oil. 
Gas: No existe, en términos de garantizar inversiones ni en materia fiscal, urgencia inmediata para recomponer los precios relativos del fluido. Es probable que las tarifas de gas aumenten en 2020 por debajo de los incrementos que precisa el negocio del petróleo.  
Energía eléctrica: La necesidad de encarar una actualización de las tarifas residenciales está motivada por razones de índole fiscal. Por el modelo que eligió el gobierno de Mauricio Macri para expandir el parque de generación, los subsidios al sector eléctrico crecerán en 2020 y más si la devaluación continúa. La reducción de ese déficit demandará un aumento significativo de las tarifas eléctricas, aunque con el antecedente de los gobiernos kirchneristas no está claro que la conducción política del próximo gobierno opte por ese camino.
 
Fuente: EconoJournal