El desarrollo de Vaca Muerta en dos modelos alternativos de país

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El desarrollo de Vaca Muerta en dos modelos alternativos de país
 
 

08/08/2019
 
El desarrollo intensivo de Vaca Muerta, emblema de la explotación de los recursos no convencionales (shale gas, shale oil) es uno de los pocos puntos de convergencia en los planes políticos del oficialismo y los principales espacios de la oposición.
Todos están contestes en la necesidad de su desarrollo intensivo para aprovechar la transición gasífera por la que atraviesa la matriz de energía mundial, donde el gas natural reemplaza carbón y derivados de petróleo, y es mucho menos contaminante (el carbón emite 0,85 tn CO2 por megavatio hora, el gas natural de un ciclo combinado 0.42).
La mayoría también coincide en que si no ponemos en valor estos recursos en los próximos años, y si no aprovechamos oportunidades para desarrollar nuevas demandas para el gas en la región y en el mundo, puede que en algunas décadas otras fuentes de energía, a caballo de nuevas tecnologías, limiten la penetración del gas.
También hay coincidencias sobre la relevancia de una explotación intensiva de Vaca Muerta para generar dólares de inversión y dólares de exportación. Gracias al aporte del shale oil, y del shale gas, estamos sustituyendo importaciones de energía y reanudando flujos de exportaciones. Exportando petróleo al mundo, y gas a la región, vamos camino a equilibrar la balanza comercial energética y podemos en el próximo lustro alcanzar un superávit de u$s 6000 millones.
La dura prueba atravesada por el impacto del déficit energético en las cuentas públicas y en las cuentas externas, ha generado conciencia en la dirigencia política sobre la importancia de la energía como fuente demandante o proveedora de divisas. Incluso hay coincidencia en que el desarrollo intensivo de Vaca Muerta tiene el desafío mediato de explotar la ventana de gas seco, y que para ello es necesario poder interactuar en el mercado mundial del GNL (gas por barco).
Hay mucha infraestructura pendiente para este desafío y la construcción de una planta de licuefacción lleva varios años. Pero los pasos conducentes a acceder al mercado de GNL requieren una estrategia y un contexto de previsibilidad normativa y fiscal que permitan reducir costos de explotación y asegurar compromisos de provisión de largo plazo.
Por eso también se habla tanto en el oficialismo como en sectores de la oposición de "blindar" Vaca Muerta de los vaivenes políticos para asegurar los ingentes montos de inversión que hay que comprometer en su desarrollo a escala. Como la producción de hidrocarburos no convencionales está sujeta a altas tasas de declinación (hasta 70% en los primeros años), para sostener e incrementar la explotación hay que redoblar la apuesta inversora cada año.
Si la inversión se detiene, por razones de mercado (caída de los precios, suba de costos) u oportunismo político, el derrumbe productivo es inmediato y las consecuencias económicas significativas. El blindaje toma debida cuenta del talón de Aquiles de esta nueva tecnología de explotación y por eso el compromiso que se busca entre los distintos actores de la apropiación y distribución de la renta del recurso (empresas, sindicatos, proveedores, gobiernos nacional y provincial). En resumen, la explotación intensiva de los recursos no convencionales es una oportunidad que todos quieren aprovechar.
Pero la coincidencia en la necesidad de poner en valor los recursos de Vaca Muerta, enfrenta opiniones divergentes sobre los fines de su desarrollo. Esto divide aguas. Para muchos los dólares de Vaca Muerta sumados a los de la cadena agroindustrial permitirán a la Argentina aliviar la restricción externa que de manera recurrente hace explotar las cuentas externas y las cuentas públicas del modelo productivo orientado al mercado doméstico que exporta saldos. Los dólares petroleros se suman a los agropecuarios para aliviar las tensiones de seguir "viviendo con lo nuestro".
Para otros, Vaca Muerta es la oportunidad de apuntalar un cambio de estrategia productiva con energía abundante y de precios competitivos respecto a los de la región y el mundo. En esta estrategia de valor agregado exportable, habrá que cuidarse de que los dólares que provea una explotación intensiva no aprecien artificialmente el peso descolocando otras producciones (enfermedad "holandesa").
Habrá que considerar la creación de fondos fiduciarios contra-cíclicos o soberanos y evitar que la renta adicional apropiable por el Gobierno se destine a gasto corriente. Si prevalece esta estrategia, Vaca Muerta será el instrumento del desarrollo económico y social que nos debemos.
Fuente: El Cronista Comercial